Viaje a Salamanca
A última hora, cuando estaba ya todo preparado para salir a nado hubo que modificar los planes, con gran contrariedad. El día estaba fresco, bastante niebla, ideal en suma para nadar. El portátil enfundado en el salvaportátiles, el trikini de última generación, para hacer más rápido el recorrido, el brazo izquierdo fortalecido tras 10 minutos de pesas para nadar solo con él, de espaldas. El trayecto por arroyos establecido cuesta abajo hasta Salamanca. Una serie de voluntarios enterados de la travesía, preparados cada dos kms a todo lo largo de ella con botellas de 3/4 de litro llenas de agua caliente para irla vertiendo en cada arroyo unos minutos antes de que pasásemos, a fin de hacer las aguas menos frías. En fin todo listo. Con lo que no contábamos era con la aparición de guardas fluviales que nos advirtieron de que empezaba la época de entrada de angulas y lampreas, y que estaba prohibido nadar por la posibilidad de interferir con la migración de estas especies. Total, fuera el trikini, fuera el salvaportátiles, y comienzo del viaje en un coche prestado. Gran desilusión.
Primera sorpresa, la conductora (estoy sin carnet...), fija una pequeña pantalla al parabrisas del coche y comienza a escribir un mensaje diciendo a dónde nos dirigíamos. No lo entendí puesto que a nadie le importaba a dónde íbamos, pero la sorpresa fue mayor cuando una vez enviado el mensaje inmediatamente contesta una amable señorita diciéndonos: Dentro de 100 metros tome la segunda salida y entre en la "Agotovía" en dirección a Mádrio. Se calla por unos segundos y de repente vuelve a hablar: Ahora entre en la Agotovía y continúe 60 kms en dirección A Orense. Pues qué señorita tan atenta, extranjera seguramente por lo de Agotovía en vez de Autovía. Durante varios kms estuvo callada, seguramente para no intervenir en la conversación que manteníamos entre los ocupantes del coche, hasta que, sin avisar, de nuevo vuelve a hablar para dar órdenes de viaje. Curioso porque allí no había ningún teléfono manos libres, y ella hablaba cuando le parecía. Lo que no logro saber es desde donde hablaba ni cómo nos veía. Tenía que estar situada en un lugar muy alto para podernos seguir durante todo el viaje, y dotada de un potente telescopio para vernos a lo largo de todo el trayecto. "Ahora entre..., ahora salga..., ahora tome la Agotovía....". Muy amable desde luego. Lo curioso es que era siempre la misma señorita, y por lo que pude deducir al ver en otros coches pantallitas similares, debía de hablar con muchos a la vez, de ahí esas pausas a veces tan prolongadas; estaría charlando con otros.
Al llegar a Salamanca, justo frente al alojamiento que nos habían designado, dijo: "Ha llegado a su destino", y se calló sin despedirse, algo que contrastaba con sus educadas intervenciones anteriores.
El destino era el Colegio Mayor Arzobispo Fonseca, una joya arquitectónica, que, según las malas lenguas, dicho Arzobispo había mandado construir en el siglo XVI para alojar a su amante repudiada por la nobleza salmantina, para darle en las narices a la citada nobleza. No me lo creo, siempre hay bulos y leyendas negras. No conozco a ningún Arzobispo con amantes, por lo que dudo mucho de la historia, aunque la verdad es que tampoco conozco ni conocí a ningún Arzobispo.
El edificio, un palacio con un claustro espectacular, una joya, como es toda Salamanca, con ese dorado tan impactante de las piedras de los edificios antiguos. Segunda Universidad en antiguedad en España, la primera, según nos informaron, fue la de Palencia, en 1218, aunque duró poco y pasó a Salamanca. Una Universidad que cuenta con muy importantes Institutos y Centros de Investigación, como son el del Cáncer y el de Neurociencias, cuando toda la tradición de esa Universidad era la de ser una potencia en Humanidades. Allí habíamos dado una conferencia en el año 2000, en el Aula Miguel de Unamuno, otra joya perfectamente conservada.
Todos aquellos con los que compartimos bastantes horas de charla científica en Salamanca, extraordinariamente afables y de elevada capacidad intelectual. Fueron momentos sumamente agradables, que les agradecemos muy sinceramente.
A la salida de Salamanca en dirección a Madrid, de nuevo nos habla la misma señorita, extranjera ya sin lugar a dudas porque a la Autopista le llamaba Agutopista, al igual que a la Autovía le llamaba Agutovía. Siempre educada pero mandona, no hacía más que dar órdenes: "Ahora salga, ahora recorra 50 kms, ahora gire.....". En más de una ocasión daban ganas de contestarle diciéndole que se callase y que no me daba la gana de ir por donde ella decía, pero era una señorita y no habría sido correcto hacerlo.
Ya en Madrid, durmiendo cansados, a las 3.30 de la mañana, aproximadamente, comienza a sonar de forma estrepitosa una alarma infernal. La gente empieza a levantarse y correr en busca de las salidas de emergencia. Todos menos el que escribe. Estaba tan cansado y dormido que lo último que me apetecía era levantarme de la cama. Carreras, voces, y en el hall que aparece, por lo que me contaron, una señora embadurnada con una pasta blanca. Supongo que sería una protección solar, aunque ¿a quién se le ocurre utilizar cremas protectoras a las 3-4 de la mañana, y en pleno invierno?. La alarma suena y suena y hace imposible el seguir durmiendo. Y en el pasillo la policía discutiendo con los empleados del hotel porque no estaban iluminadas correctamente, al parecer, las salidas de emergencia. Culpaban de la alarma a usuario de una habitación cercana, pero él no fue, estoy seguro. A algún iluminado se le ocurrió, con toda probabilidad, fumar en la habitación, aunque estaba prohibido en todo el hotel, y saltó la alarma de incendios. Creo que se quién fue, pero no lo voy a denunciar. El caso es que nos tuvo sin dormir hasta las 5 de la mañana. Un desastre.
Y a la vuelta para Galicia, otra vez la misma señorita hablándonos y dando órdenes sobre Agotovías y Agotopistas, y eso que era sábado. ¿No hay turnos?. Así se generan las huelgas, como nos ocurrió la semana anterior cuando el frustrado viaje a Almería.
En fin, vale la pena conocer Salamanca en detalle, y vale la pena establecer colaboraciones con los investigadores que allí hay. Amables como personas y muy capaces en su trabajo.
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