Más de novios y novias
Decíamos hace unos días que lo correcto es denominar a los contrayentes como parejo de novio y pareja de novia; cuestión de género, sin más. Comentábamos también lo incorrecto que es el hablar de amor eterno; lo correcto es referirse al amor interno, porque es algo que sale de dentro, como la tos, aclarábamos. Cuando el novio le dice a la novia, o al revés, Te quiero, lo que está expresando es algo que sale de dentro. Es como si tosiese. De hecho hay mucha gente que tose sin cesar y la familia se preocupa pensando "qué catarro tiene este hombre", y a lo mejor lo único que le ocurre es que siente un gran amor y por eso tose. Lo malo es que en las farmacias no se venden pastillas para el amor y sí para la tos, por lo que más de uno deja de estar enamorado porque toma esas pastillas y ya no le sale nada de dentro.
Pero volvamos a la boda. Cuando los asistentes gritan entusiasmados: "Vivan los novios y novias" lo que en realidad están diciendo es "Beban los novios y novias", porque tras la ceremonia se pasa a las consumiciones. ¿Le sirvo algo señor". ¿Cómo algo?, sírvame todo. ¿Por qué te van a restringir lo que te sirven si estás allí porque has sido invitado?. A un invitado no se le puede restringir, ya que entonces pasa de invitado a restringido, y eso no queda bien.
El caso es que al grito de Beban los novios y novias uno empieza a cargar el cuerpo de líquidos; es importante el estar bien hidratado. Pero claro, tanto líquido tiene que buscar una escapatoria, algo que suele pasar en las bodas a una hora determinada. Y entonces son primero los masculinos los que acuden en manada a los mingitorios (antes conocidos como urinarios o, por los más educados, servicios. ¿Me dice dónde están los servicios, por favor?. Mal expresado, porque la palabra servicios es un término abstracto; pueden ser servicios a domicilio, o servicios aduaneros, cualquier cosa. Pero además en los mal llamados servicios no hay nadie que preste éstos. O sea que lo correcto es llamarles mingitorios (urinarios suena mal).
Pues bien, en un determinado momento acudimos, era la hora, a los mingitorios, un acto normal. Con lo que no contábamos era con que a la misma hora otros muchos experimentasen la necesidad de deshidratarse, por lo que cuando accedimos al mingitorio había una cola como las que se dan en las administraciones de lotería cuando en el sorteo de Navidad ha caído un número gordo y la gente acude a ellas pensando que la historia se va a repetir con el sorteo del Niño. Por cierto, ¿está permitido sortear un niño?, ¿es eso legal?.
Ante la cola existente para entrar en el mingitorio, y con el cuerpo ya pidiendo una rápida deshidratación, se nos ocurrió una idea brillante. El mingitorio femenino (la mingitoria) estaba vacío, ya que como es lógico las mujeres se hidratan menos y su cuerpo no experimenta esas urgentes necesidades de deshidratación. ¿Qué hacer?. Pues sin dudarlo entrar en la mingitoria. Fue una sorpresa, ya que descubrimos que las mingitorias son distintas a los mingitorios, carecen de esos apliques de porcelana en las paredes contra los que los hombres se aprietan para deshidratarse. Pero a efectos prácticos no importaba, había unas puertas que daban acceso a otros accesorios de porcelana, más bajos y con tapa. Dicho y hecho, o pensado y hecho. Entramos, cerramos la puerta, y una vez finalizada la deshidratación procedimos a arreglar el ropaje. No nos había dado tiempo para ello cuando se oyen unas voces femeninas que entran en la mingitoria. Bueno, no importa, la puerta está cerrada, habrá que esperar. Pero no, la puerta no estaba cerrada como creíamos, pues si lo estuviese no se habría abierto en plena sesión de arreglo del utillaje y no habría aparecido una cabeza con melena, ni habría dicho: "Ay, perdón". ¿Qué hacer?. Pues cerrar la puerta con el pasador, no fuera que se nos acusase de mirón o voyeur, apagar la luz y esperar. Una espera interminable, porque no era una joven la que había entrado sino un montón. Y allí se pusieron a hablar y hablar, alabando y criticando, a todo y todos, a partes iguales. Allí descubrí el por qué una fémina nunca va a la mingitoria sola; siempre hay una que dice: "Voy al baño, ¿venís?". Nunca lo había entendido. En primer lugar porque eso de ir al baño se interpreta como ir a ducharse o a la playa, pero no a la mingitoria, pero además podría interpretarse como una manifestación de reminiscencias lésbicas. Pero no es así, allí descubrí que a lo que van es a hablar sin que oídos masculinos capten sus conversaciones, aunque en este caso no fue así, captamos todo...
Pasaba el tiempo y cuando salían unas entraban otras. El calor en el cuartucho era insoportable, y a oscuras; auténtica claustrofobia. Ya por fin se apagaron las voces y uno se sintió libre..., con mucho cuidado abre la puerta y...ve un rostro en el gran espejo arreglándose las cejas y mirando a través del espejo lo que había tras aquella puerta que se había abierto. Vuelta a cerrar con pasador y a esperar.
Por fin acabó el suplicio; quien sabe el tiempo que pasó, pero logramos salir de aquella cárcel.
"¿cómo tardaste tanto?, ¿dónde estabas?". "En la mingitoria, no apta para hombres". Prometo no volver aunque me deshidrate totalmente.
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