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Cuando lo inexplicable comienza a tener explicación...



Cuando lo inexplicable comienza a tener explicación...

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Sábado 16 de Enero de 2010 16:30

     Aunque nuestros datos, y los de otros grupos, en animales de experimentación y cultivos de células madre neurales muestran claramente el efecto neurotrófico de GH (hormona de crecimiento) y justifican los positivos resultados encontrados en pacientes, hay todavía mucho escepticismo en la clase médica acerca de lo que se considera como "agua de Lourdes". Sin embargo, si uno busca explicaciones a nivel bioquímico y trata de integrar conceptos, los por qué y cómo se vuelven más fáciles de entender. Vamos a tratar de explicarnos de una forma más sencilla para el que no es experto en estos temas. 

En dos trabajos muy recientes publicados en Neuroscience y The Journal of Stroke and Cerebrovascular Diseases (11 enero 2010), el grupo dirigido por James Fallon, de la Faculatd de Medicina de la Universidad de Irvine California, acaba de demostrar que la administración de una pequeña proteína llamada TFG-alfa (Factor de Crecimiento y Transformación) a ratas con daño cerebral inducido 1 mes antes lleva a la plena recuperación de las funciones motoras perdidas tras el daño. En palabras del propio James Fallon: "No existe ningún fármaco capaz de ayudar a la recuperación de un paciente tras haber sufrido un accidente vascular cerebral. Si alguien padece un problema de este tipo no hay muchas opciones terapéuticas.... Ahora, tras nuestro estudio, continúa Fallon, tenemos evidencias de que puede haber tratamientos que pueden reparar el daño tiempo después de que éste se haya producido." Estos tratamientos se basarían en la administración de TGF-alfa, bien directamente a nivel cerebral o por vía nasal. 

El mecanismo por el que TGF-alfa actúa en la reparación cerebral, se basa en la inducción de la proliferación de células madre cerebrales que se transformarían en neuronas y se dirigirían hacia la zona cerebral dañada para regenerarla y así recuperar las funciones perdidas, según los citados estudios demuestran. Otro importante aspecto de este estudio, que también confirma nuestros resultados en pacientes, es que el tiempo transcurrido desde que se produce la lesión no es un factor excesivamente determinante en la respuesta regeneradora.

Cuando uno analiza el por qué de estos resultados y busca correlacionarlos con los propios, los obtenidos por nuestro grupo de investigación, se encuentra, desde un punto de vista integrador, que TGF-alfa y EGF (Factor de crecimiento epidérmico), pertenecen a una misma familia de factores de crecimiento. Entre ambos hay una gran analogía estructural y compiten por el mismo receptor a nivel celular. EGF es un factor clave para la proliferación celular, hasta el punto de que en su ausencia en el medio de cultivo las células madre neurales no proliferan (datos de nuestro grupo y otros). Hasta aquí todo muy fácil de entender. Pero si uno sigue buscando e integrando, se encuentra con que la expresión (producción) de EGF es fuertemente inducida por GH, y no solo ésto, sino que la hormona potencia de forma extraordinaria la aparición de receptores en la membrana celular para EGF. Es decir, GH potencia tanto la producción de EGF como la de su receptor, lo que lleva a una amplificación de la respuesta de proliferación de células madre neurales y su transformación posterior en neuronas. Parece claro entonces que lo que algunos denominan como "agua de Lourdes" no es tal, y cuando acudimos a la bioquímica y la integración de conceptos, lo inexplicable tiene explicación. No pretendemos, sin embargo, asumir que todo ello es la panacea para la curación total del paciente con daño neurológico, entre otros factores la intensidad del daño puede hacer inviable esta recuperación, pero sí creemos que el camino emprendido es correcto y que nuevos estudios pronto añadirán conceptos y diseños que permitirán aún mejores soluciones. 

¿Y cuál es la conclusión de todo ésto?. Pues de nuevo tendríamos que recurrir a la lógica integradora. Independientemente de su etiología (factor causal), con la excepción de las causas genéticas, el daño cerebral o periférico se traduce en muerte neuronal, lo que a su vez lleva a pérdida de funciones, motoras, cognitivas, sensoriales..., de lo que se trata es no de actuar contra el factor causal, muchas veces impredecible y otras muchas desconocido o inatacable, sino de reparar el daño causado. Acudamos a la bioquímica, integremos conceptos y encontraremos explicaciones y soluciones.

Jesús Devesa

Catedrático de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela

Especialista en Endocrinología

 

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[Imagen] Imagen en la que se puede ver la fachada del nuevo centro de Fundación FOLTRA



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