¿Cuadrando el círculo?
A lo largo de los años una serie de evidencias experimentales fueron descartando o modificando conceptos clásicamente establecidos como dogmas de fe en el mundo de la bioquímica en general y la endocrinología en particular. Uno de éstos era el que las hormonas de carácter proteico actuaban tan solo a nivel del receptor de membrana celular, descartándose un mecanismo de acción tras internalización como ocurre con las hormonas esteroideas, por ejemplo. Es decir, la hormona proteica tras interaccionar con su receptor de membrana y poner en marcha una serie de acciones intracelulares se disociaba de éste y volvía a la circulación hasta ser degradada o eliminada. Este era el caso de la hormona de crecimiento (GH) o la insulina, por ejemplo. En el año 2000 publicamos (M. García-Barros, J. Devesa y V. Arce, J Endocrinol Invest. 2000; 23:748-54) que en el caso de la GH, la hormona, tras interaccionar con su receptor de membrana, se internalizaba con éste y ya en el interior de la célula era rota selectivamente formando péptidos de menor tamaño, diferentes según el tejido en el que la internalización se hubiese producido, que presumíamos iban a ejercer acciones biológicas propias, específicas de cada tejido, y diferentes a las que la hormona lleva a cabo tras unirse a su receptor. La falta de medios técnicos nos impidió estudiar más a fondo esos péptidos generados y el o los papeles biológicos que jugaban. Sin embargo el trabajo no quedó en el olvido y mereció los elogios de una serie de investigadores que por aquel entonces se dedicaban a estudiar acciones de la GH distintas a las conocidas a nivel metabólico o sobre el crecimiento longitudinal del organismo.
En 2009, un grupo de investigadores del Instituto de Neurobiología de la Universidad nacional Autónoma de México (C. Clapp y cols.) describen, en Physiological Reviews, que la GH es un importante factor angiogénico, es decir inductor de la formación de nuevos vasos sanguíneos, al punto de que aumenta la expresión del Factor de Crecimiento Vascular (VEGF) y la formación de nuevos vasos en el miocardio tras infarto, aumenta la vascularización cerebral en ratas viejas e incrementa el flujo sanguíneo en antebrazo en voluntarios humanos. Existe receptor para GH en las células endoteliales vasculares, y éstas son capaces de fabricar la hormona que, de forma autocrina (es decir actuando sobre la propia célula que la produce) estimula la proliferación, migración, supervivencia de esas células endoteliales y la neoformación de capilares. Hasta aquí nada nuevo, salvo que esas acciones de la hormona justifican su papel favorecedor de la cicatrización de úlceras cutáneas, por ejemplo. Lo que sí es nuevo, y por ello nos referimos al principio a nuestro trabajo del año 2000, es que en esas células vasculares la GH es también degradada enzimáticamente formando una familia de péptidos conocidos como vasoinhibinas que, a nivel vascular, actúan precisamente de forma totalmente opuesta a como acabamos de describir que lo hace la hormona. Es decir, mientras la GH es proangiogénica, los péptidos que a partir de ella se generan en el endotelio vascular son justamente lo contrario, o sea antiangiogénicos, a todos los niveles: inhiben el crecimiento vascular, bloquean la proliferación celular e interfieren con la migración de las células endoteliales, así como inhiben los mecanismos de supervivencia de éstas.
¿Qué significa todo ésto?. Fundamentalmente la complejidad de los mecanismos de acción hormonal, fisiológicamente integrados para que exista un perfecto equilibrio. A mayores, el conocimiento de la regulación de las vasoinhibinas puede permitir el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas para tratar una serie de patologías, procesos tumorales incluídos; pero sobre todo el que es necesario reestudiar y profundizar en el análisis y caracterización de los péptidos que se derivan de forma tejido-específica de la GH. Si un tejido, el hígado como describimos, es capaz de metabolizar la hormona de forma distinta a como lo hace otro en el mismo organismo, el tejido adiposo como también describimos hace 11 años, tiene que existir forzosamente una base biológica y un significado para ello. Para muestra tenemos a las vasoinhibinas de las que acabamos de hablar. Caracterizando esos péptidos y estudiando sus acciones biológicas es posible que identifiquemos nuevas moléculas que induzcan selectivamente un efecto concreto que podamos utilizar, en lugar de tener que recurrir a la molécula intacta de la hormona. El tiempo lo dirá...
Por cierto, hoy nos acaba de llegar una invitación para impartir otra conferencia en China. La fecha demasiado cercana, 12 de abril, y el viaje demasiado largo. Nos quedaremos con las ganas de conocer más a fondo ese increíble país, así como confirmar que allí sigue habiendo muchos chinos.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|



