In memoriam
El Dr. José Luis Arranz, brillante como médico y como persona, y del que esperamos que en poco tiempo se incorpore a nuestro grupo de trabajo en Foltra, nos envia un sentido escrito en recuerdo de su maestro, el Profesor Gandarias, catedrático jubilado de Fisiología, recientemente fallecido. No se puede mirar al futuro sin hacerlo desde el pasado, por ello reproducimos aquí las palabras que el Dr. Arranz escribe hacia su maestro. Conocimos al Profesor Gandarias cuando fomó parte de nuestro Tribunal de Oposiciones universitarias en 1978. El, con el Profesor Gallego, catedrático de Fisiología de Madrid, y el Profesor Ramón Domínguez, catedrático de Fisiología de Santiago, maestro y amigo, eran los principales representantes de una escuela de Fisiología que, pese a las dificultades económicas para hacer investigación en la España de la postguerra, consiguió que la Fisiología española alcanzase la pluralidad y brillantez que hoy tiene. Eran discípulos del Profesor Negrín, otro maestro, el primero, forjador de personalidades brillantes en el mundo de la ciencia. Procedían de la Institución de Libre Enseñanza, escuela variopinta del conocimiento en todos los campos. Acabaron sus formaciones en Alemania y Austria, y fueron fieles seguidores de la Fisiología rusa que tanto aportó al conocimiento médico. Eran fisiólogos, médicos y humanistas; cultos y maestros en el sentido auténtico de la palabra. A ellos les debemos, no solo los fisiólogos, todo lo que hoy somos. Para todos ellos nuestro recuerdo y agradecimiento. Formaron investigadores y personas, ese es su gran mérito.
LEMBRANZA DEL PROFESOR GANDARIAS
Dedicado a la Memoria del Profesor Gandarias.
Soy un Vasco emigrado que ejerce la medicina como Interno del Sevicio de Medicina Interna del Hospital de Beja (Portugal), por eso he querido titular este “recuerdo” que estoy escribiendo in memoriam: “ Lembranza del Profesor Gandarias”.
Cuando se vive en la distancia geográfica de los seres queridos y estos ya tienen cierta edad , el sonar del telefono nos hace temer lo “inevitable” y hace escasos dias sucedió así con la llamada de un amigo para comunicarme el fallecimiento del que fuera nuestro Profesor de Bioquimica y Fisiologia, Don Juan Manuel Gandarias Bajon. La noticia se clavó en mi alma dejandome conmocionado y triste, triste porque se nos iba un Maestro, un Pionero, un gran Universitario, pero sobre todo un gran Ser Humano.
Fisicamente el Profesor Gandarias era un hombre alto, enjuto, de mirada honesta y profunda, perspicaz y escrudiñadora, de modales aristocráticos y porte recio, de caminar señorial y costumbres estoicas a pesar de entender la vida de manera lúdica y epicurea.
Vivia en el mundo de hoy siguiendo muy de cerca las importantes novedades científicas que de forma galopante nos está tocando vivir, pero a pesar de ello era una persona de otros tiempos, de los tiempos de: Marañon, Lain Entralgo, Jimenez Diaz, Rof Carballo, Lorenzo Velazquez, Jaime Pinies, Juan Negueruela, entre otros profesores que marcaron tiempo y época, Catedráticos todos ellos de cultura y saber universales, de conocimientos enciclopédicos, de conversación variopinta, profunda y analítica, que com la misma sencillez y acierto hablaban de los temas en los que eran especialistas como de música, filosofia, arte, antropologia, deporte, política o economia, sus intereses y saberes eran universales como lo es la vida y no monotemáticos como quienes actualmente imparten doctrina, aquellos habian aprendido bien el legado del Profesor José de Letamenti: “ El médico que sólo sabe medicina, ni medicina siquiera sabe”.
Acude a mi mente el recuerdo, como si de hoy se tratara, del dia que le conocí sin saber quien era. Soy de la 9ª promoción de medicina, aquella que inició su andadura universitária en Bilbao el año 1976, era el inicio del curso y se impartia la lección de apertura a cargo de un catedrático de la Facultad de económicas ( creo recordar) en el salon de Actos; los alumnos no solian acudir ese dia al evento, pero mi curiosidad me empujo a escuchar la lección. Acabada la misma, y dado que en aquella época no disponiamos de los médios de transporte que hoy tenemos (aún no estaba construído el puente de Rontegui), tuve que hacer “dedo” para bajar a Bilbao y por suerte me paró un Seat 133 de color rojo, en el que pude ver en el asiento posterior una Toga negra com Esclavina y Birrete amarillo; intuí que quien me habia parado debia ser un catedrático de medicina, pero no me atreví a preguntar por su nombre; el viaje fué de lo más ameno, me preguntó que estaba estudiando y el por qué de mi vocación, hablamos de cine, de la Institución Libre de Enseñanza, de literatura, disfruté del viaje que concluyo en el Museo de Bellas Artes, y se despidió com un apretón de manos y un consejo : ”Estudie mucho”.
Cual no seria mi sorpresa cuando una semana despues en la primera clase de Bioquimica apareció con bata blanca el catedrático de la asignatura, el mismo que habia sido mi chofer ocasional dias antes. Com el tiempo comentamos esta circustancia con humor y cierta nostalgia.
Otro de los recuerdos que acude a mi mente fué cuando comentaba com orgullo su viaje a Oxford nada más acabar su formacion medica y su desilusión al abrirle la puerta el Prof. Liddle y notificarle que el premio Nobel Profesor Sir Charles Sherrington, com quien él pretendia ampliar bagaje formativo, habia salido de viaje hacia una decena de minutos, comentaba “por poco no llegue a conocerle personalmente”. Más aquel viaje marcó su devenir profesional y sus investigaciones futuras. Cuantas veces los alumnos hacíamos chanza de aquella expresión tan a menudo citada en su libro de fisiologia: “En animales adrenoprivos Gandarias y cols han demostrado….”.
El profesor Gandarias dominaba a la perfección vários idiomas, habia aprendido como su tercer idioma (despues del Euskera y Español) el idioma de Goethe, el se consideraba profundamente Germanófilo en su forma de pensar y de investigar, leía y hablaba alemán a la perfección, pero tambien inglés exquisitamente, tan es así que son pocos quienes saben que entre su amplia producción editorial (más de 100 obras científicas) publicó en 1988 un libro titulado “Inglés básico en ciencias de la salud “ para ayudar a defenderse en inglés a los jovenes médicos e investigadores que salían al extranjero buscando ampliar sus horizontes científico-profesionales.
Es verdad que se sentia germanófilo y así lo manifestaba en cuantas ocasiones conversábamos al respecto, en eso discrepaba con el autor de este artículo que se siente “afrancesado” , aunque tuvimos ocasión de hablar y alabar la importante contribución científica de Henri Laborit y Rene Leriche en un francés que él dominaba igualmente a la pefección, y distanciándonos la Geografia Imperial, coincidíamos en nuestro común amor por el pueblo Ruso y sus fisiólogos, él conocía de memoria las obras de Paulov y habia estudiado en profundidad la fisiología de su discípulo BIKOV, era una delicia oirle hablar con tanta erudición y mostrar tanto respeto y consideración por las gentes de un pueblo como el ruso al que tanto debe la humanidad.
No era el Profesor Gandarias amigo de actos oficiales, salvo los estrictos, raramente acudia a cenas o comidas (sólo a las de tribunales de Tesis o Cátedra), él referia que no le gustaban los “saraos”, preferia estar en casa leyendo o viendo cine (era un gran cinéfilo) que estar por obligación con personas y bullicios, tal vez porque odiaba los politiqueos medrosos de cena, salón y moqueta, su actitud serena evoca la poesia de Fray Luis de Leon :
“ Que descansada vida la del que huye del mundanal ruído,
y sigue la escondida senda por la que han ido,
los pocos sábios que en el mundo han sido”.
Años antes nuestro paisano D. Miguel de Unamuno dejó escrito en uno de sus libros: “Siempre he sentido aversión hacia eso que se llama vida de sociedad y cuyo fin es cultivar las relaciones”. En eso el Profesor Gandarias al igual que Don Miguel ejercía timidez y bilbainía.
También acude a mi mente con agrado aquella anécdota que comentaba respecto a la actriz Ava Gadner que estando en España quiso visitar personalmente la Isla de Txatxarramendi, propiedad de la famlia Gandarias y como Don Juan Manuel poseia un pequeño barco ( Txalupa en su decir) fué el encargado de trasladar a la isla al “animal más bello del mundo” como se la consideraba entonces; ni que decir tiene que los jovenes estudiantes de Salamanca (donde tenía Cátedra en aquel tiempo) consideraron “romance” la excursión marítima, pero el Profesor confesaba con indisimulada coquetería y una pizca de picardia en sus ojos: “Aquello no era cierto, pero yo no me preocupé de negarlo”, la cotización y admiración del Profesor Gandarias entre el alumnado aumento considerablemente con aquel “sucedido” real y en cierto modo “barojiano”.
Hay muchas más anécdotas que se agolpan para ser plasmadas pero por falta de espacio no puedo escribirlas, sobre todo después de que tuviera ocasión de ayudarle cuando decidió nombrar Académico de Honor de la Real Academia Vasca de Medicina y Cirugia a mi Maestro: el eminente cardiólogo Mexicano, Profesor D. Demetrio Sodi Pallarés, de quien el profesor Gandarias se sentía en deuda pues le habia cedido en tiempo pretérito y de forma altruísta sus dibujos y esquemas electrocardiograficos cuando publicó su FISIOLOGIA ESPECIAL APLICADA; tuvimos ocasión de hablar mucho, de compartir conocimientos, de aprender de su forma de pensar y de sus exquisitos modales, sin duda era un caballero.
Para finalizar, quisiera comentar que guardo en mi corazón el mejor halago que un Profesor haya hecho de mí; sucedió un dia que estábamos dialogando de la cardiopatia isquémica, en un momento de la conversación, se dirigió a mí espetándome directamente “Tú José Luis piensas como un fisiólogo”, aún hoy al recordarlo se me eriza el cabello y un nudo acude límbicamente a mi garganta.
Querido y admirado Profesor Gandarias. Eskerrik asko Jaunak. Goian Bego.
Dr. José Luis Arranz Gil
Interno de Medicina Interna
Hospital de Beja-Portugal.
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